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miércoles, 18 de febrero de 2009

Con ese aire gélido, las ideas vienen solas


Miércoles, 18 de febrero.

1 bajo cero. Miro por la ventana. El cielo está cubierto de un color gris plomizo, con nubes como ráfagas de humo. Me levanto cansada del invierno, de las noticias, de la crisis, de los periódicos, del pesimismo.

Decido ir a correr, desconectar un poco. Trenzas, un turbante en el pelo, jersey de lana suave, guantes de piel. A poca distancia del barrio el paisaje cambia completamente, te encuentras en medio de la naturaleza. Una bandada de gansos ocupa el lugar de los caballos pastando. Un poco más lejos, una garza barbuda me mira con expresión congelada, sin alterarse. El hielo ya desapareció del río y se ve más vulnerable sin esta capa protectora, con ello se esfumó un poco la magia. Sin embargo, es un lugar lleno de sorpresas, sólo tienes que abrir bien los ojos y un mundo nuevo aparece ante tí. Los juncos se encuentran rodeados por una fina capa de hielo, unos patos picotean distraídos entre los tallos secos, algunos corredores solitarios me saludan.

Poco a poco voy entrando en calor y parece que tenga alas. Cojo el ritmo y dejo que me envuelva el invierno. El puente solitario permanece impasible, día tras día. Con el aire fresco y puro, las ideas aparecen solas: imágenes, frases, soluciones inesperadas. En el camino de vuelta me siento acalorada e incluso me quito los guantes. Corro los ultimos metros trotando, ya llena de energía. Siento la sangre corriendo por mis venas, un chorro de adrenalina.

El cielo se abre, dejando entrever un lila pálido, que pasa a azul suave. Respiro hondo, me invade una sensación de paz total. Me gusta correr entre este frío glacial.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Ahora es distinto


Sí,
ahora son distintas las Navidades
cuando era niña
una cruz grande brillaba estos días
en el campanario de la iglesia
las casas tenían aroma a turrón
y a humo de chimenea
había los pastorets centenarios
y las visitas a casa de la abuela.

Hoy
el día empezó tranquilo
corriendo junto al río
me encontré
con cinco garzas elegantes
algún ciclista solitario
y una paloma muerta, como dormida
sobre una cuna de césped suave.
Quizás traía la paz al mundo
y volando entre el intenso frío
se quedó a medio camino.

Luego
me espera un vestido
púrpura oscuro y de seda brillante
voces que hace tiempo olvidaste
besos fugaces, una mesa bien adornada
un brindis con burbujas de Cava.
Y, a medianoche,
cuando ya no queda nadie en la sala, sólo
tres hermanos conversan
con palabras de otros sonidos
y recuerdan su infancia
junto a una copa de tinto.

Sí,
hace tiempo que
son distintas las Navidades
pero el sentimiento es el mismo.


miércoles, 3 de diciembre de 2008

La Cueva


Dormir
huír del frío
un lugar
donde el invierno no llega
donde el aire es cálido
donde el tiempo no cuenta.

Sentir
el aroma a musgo y tierra húmeda
bajo una capa de hojas secas
hacerse un ovillo, como un erizo
los ojos cerrados, la piel cubierta
de un abrigo que te proteja.

Soñar
entre las sombras
la tierra suave, las hojas secas
el aire cálido
el tiempo, congelado,
se quedó fuera.


Poema y foto Rosa, http://www.flickr.com/photos/dadiva/

sábado, 1 de noviembre de 2008

El viento del Este


Algo sucede
un viento gélido sopla fuerte
me monto en la bicicleta
brazos helados me sujetan
y me impiden avanzar.

Recuerdos vuelven a mi mente
sueños de un río congelado
niños con sillas patinando
aroma a chocolate caliente.

Imágenes invernales
pinturas de colores lavados
figuras diminutas
deslizándose por los canales.

Fantasmas de la Antártica
me rodean, me sacuden
y me empujan en otra dirección
y yo, pedaleo fuerte sin parar.

Junto todas mis fuerzas
tenso los músculos,
el cuerpo inclinado
agujas de viento penetran
en mi piel.

Llegó el viento del Este.